Renunció el asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump Compartir en Whatsapp

La salida de Michael Flynn, que integraba la mesa chica del equipo de gobierno del magnate estadounidense, se da en medio de una creciente polémica sobre sus contactos con Moscú.

A sólo tres semanas de haber llegado a la Casa Blanca, y en medio de un gran escándalo y fuertes presiones, Donald Trump tuvo que echar a uno de los más importantes miembros de su gabinete: en un inédito y prematuro golpe al gobierno, Michael Flynn, asesor de Seguridad Nacional, renunció anoche por haber mentido sobre sus conversaciones con el gobierno ruso, anunciaron diversas fuentes oficiales. Lo reemplazará el general Keith Kellog.

La controversia alrededor de Flynn, un teniente general retirado que asesoró a Trump sobre política exterior desde los comienzos de la carrera electoral, creció en los últimos días luego de que salieran a la luz en la prensa sus conversaciones con el embajador ruso en Estados Unidos, Sergey Kislayak.

Según el Post, Flynn habló con el diplomático varias veces durante los dos meses previos a la llegada al poder de Trump, el 20 de enero, y conversó específicamente con él sobre las sanciones impuestas a Moscú por el entonces presidente Barack Obama por espionaje durante la campaña.

No se sabe si le prometió algo específico a los rusos sobre las sanciones pero, según la ley, un ciudadano que no forme parte del gobierno –como entonces era el caso de Flynn– no puede inmiscuirse en política exterior.

El problema no sólo fueron las conversaciones impropias sino que varios funcionarios habían salido a defender a Flynn públicamente, inclusive el vicepresidente Mike Pence, después de que él les asegurara en privado que no había hablado de las sanciones con el embajador.

Pero ahora que los diálogos salieron a la luz (hay grabaciones), están indignados. “Flynn se está quedando sin amigos. El consenso general en la Casa Blanca es que ha mentido. El vicepresidente siente que le mintió. Está en un cargo que debe estar alejado de los dramas, y es todo lo contrario. Me sorprendería si dura mucho más”, había dicho ayer al Post un funcionario del gobierno, que pidió el anonimato.

En su carta de renuncia, Flynn resaltó: “Sin advertirlo ofrecí al vicepresidente electo y otros información incompleta sobre mis llamadas telefónicas con el embajador. Me disculpé sinceramente con el vicepresidente y él aceptó mis disculpas”, Flynn escribió en su carta de dimisión.

“Ofrezco mi renuncia, honrado de haber servido al presidente Trump, quien en solo tres semanas ha reorientado la política exterior de EE.UU. para devolver el liderazgo fundamental del país en el mundo”.

El presidente había mantenido al menos dos conversaciones con el funcionario el fin de semana. Para enfriar la situación, la asesora Kellyanne Conway había salido anoche anoche a frenar los crecientes rumores y había dicho que el presidente tenía “plena confianza” en Flynn. Más escueto, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo que el presidente evaluaba la situación.

Deshacerse de un cargo tan importante a sólo tres semanas de mandato es un golpe para la flamante administración. Y, sobre todo, es darle la razón a la prensa que ha destapado el caso, algo que Trump detesta. Pero evidentemente el presidente decidió cortar el problema de raíz y no seguir sumando piedras a su gestión, que ya soportó un revés de la justicia por su decreto migratorio para suspender la inmigración de ciudadanos de siete países musulmanes.

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