La incertidumbre y la volatilidad volvieron a apoderarse del Estrecho de Ormuz este lunes, luego de que se difundieran reportes sobre un presunto enfrentamiento directo entre fuerzas de Irán y Estados Unidos. Según informó la agencia iraní Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, la Armada de ese país habría lanzado dos misiles contra un buque militar estadounidense cerca del puerto de Jask, obligándolo a retirarse tras el impacto.
No obstante, la respuesta de la Casa Blanca no se hizo esperar. El Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) desmintió categóricamente la información a través de un comunicado oficial. "Ningún navío estadounidense ha sido alcanzado. Nuestras fuerzas siguen apoyando la operación 'Project Freedom' y el bloqueo naval de los puertos iraníes", indicaron desde el mando militar norteamericano, negando cualquier daño en su flota.
El incidente ocurre apenas horas después de que el presidente Donald Trump manifestara cierto optimismo sobre las negociaciones de paz, asegurando que los diálogos "marchaban por muy buen camino". Sin embargo, la acción naval -confirmada por Teherán y negada por Washington- puso en jaque la distensión diplomática. En paralelo, Emiratos Árabes Unidos denunció un ataque "terrorista" con drones contra uno de sus buques petroleros en la misma zona, lo que agrava el escenario regional.
Como consecuencia inmediata de esta escalada, el mercado energético global reaccionó con fuertes alzas. El precio del petróleo Brent rompió la barrera psicológica de los 110 dólares, situándose en torno a los 112 dólares por barril. Mientras tanto, Estados Unidos confirmó que continuará escoltando buques mercantes bajo protección militar para garantizar el flujo en una de las rutas comerciales más críticas del mundo.




